Amberes 1944


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Incluye PDF de muestra, y las notas bibliográficas.

Mayo de 1940. Yo, René Tardi, comandante de carros


¡No se dice tanque!

Jacques Tardi: YO, RENÉ TARDI. 1. PRISIONERO DE GUERRA EN STALAG IIB
Traducción de Enrique Sánchez Abulí. Norma Editorial, 192 pgs, B/N (y algo de rojo plano), Cartoné, 24 x 32. PVP: 24,00€
ISBN: 978-84-679-1300-2
Con Tardi me pasa como con Norman Davies; no me gusta demasiado. No me convencen sus propuestas, no me vuelven locos sus dibujos, sus textos. Su discurso a veces me parece demasiado maniqueo, simplista. Pero no puedo evitar comprarme todo lo que producen, mientras espero a que salgan en bolsillo, (o en integrales) las obras de otros autores que, en teoría, me gustan más. Misterios.

Alguien calificó, hace ya mucho, el estilo gráfico de Tardi como feísta. Y si no lo hicieron, ya lo hago yo. Aún prescindiendo de esas enormes masas grises que tanto aprecia, su dibujo como mucho puede calificarse de correcto. Pero ¿por qué paso tanto tiempo admirándolo?. No entiendo como algún wikipedista lo ha querido clasificar en la línea clara, cuando en realidad es lo más opuesto que existe al espíritu hergeliano {[doble sic]}. Representa el lado oscuro (o más bien grisáceo) de lo que los adoradores de Tintín siguen considerando como un canon, tanto en la elección de temas, como en lo visual y en lo narrativo. Pero qué quieren, tiene su aquel. Su cosa. Su algo. 


Tardi no ama a sus personajes. Si es que los hay. Normalmente sólo hay uno, ya se llame Adèle Blanc-Sec, Nestor Burma o Eugène Varlot, que narra y protagoniza la historia al mismo tiempo. Aunque hacen como que hablan con otros personajes siempre están solos, sin nadie de quien fiarse. Si hay un diálogo, como en este caso entre padre e hijo, sabemos que es ficticio; no existe un padre con sus propias ideas y personalidad, como sí la tiene en el Maus de Spiegelman; sólo es un monólogo, al estilo de Même. O de Beckett.

Las historietas de Tardi adolecen, además, de lo que ahora se ve como un defecto en cualquier obra visual que se precie: llevan mucho texto. De hecho, en este tomo, como en otras obras suyas (por ejemplo, las adaptaciones de Leo Mallet) la historieta retrocede e involuciona hacia el relato ilustrado, con viñetas muchas veces decorativas (¡esos tanques!) y donde con sólo el texto podríamos seguir la narración sin problemas.  

Tardi no es para nostálgicos de Boixcar y, aunque suelta muchos tacos, y de los de verdad, tampoco compite con el Sargento Gorila. Su pacifismo no es impostado, aunque a veces parezca una excusa para dibujar chismes bélicos. Aquí, después de sesenta páginas de carros de combate, René Tardi y su hijo se meten otras 120 en la fría y plomiza Pomerania, narrando una rutina carcelaria que poco tiene que ver con las películas clásicas de oficiales fugándose, y sí mucho con la realidad más prosaica del trabajo forzado, de cómo evitarlo, del aburrimiento, y de las visitas a las letrinas, un asunto clave. Porque los planes de fuga están muy bien, pero lo que se te queda grabado es la disposición de las letrinas... seguro que los lectores veteranos entienden de lo que hablo.

Pero vamos a resumir, que aquí se habla de Tardi y cómo nos cuenta la historia de su padre. Este primer tomo narra cómo vivió la batalla del Sedan en 1940, que ya de por sí vale un potosí para cualquier interesado en la segunda guerra mundial. El 15 de mayo, el sargento Tardi, con su lacónico conductor-mecánico, parten a defender un puente con su carro, en solitario. Y así pasarán el resto de la campaña; todo un ejemplo de cómo empleaba sus medios el ejército francés. 

La segunda parte, que como indica el título, está dedicada a su estancia en un campo de prisioneros, es un buen complemento a otras obras que últimamente se están haciendo sobre esta parcela de la historia militar, que hasta ahora, con alguna muy solitaria excepción, como mucho se acordaba de las condiciones de los señores oficiales. 

Tardi ha visto en esta ocasión su dibujo rellenado con dos tonos de grises y algunas manchas de rojo por su hija, Rachel Tardi, que le han merecido un premio en la Feria de Sollies-Ville a mi juicio muy merecido. 

Y nada más. Yo creo que ya he largado lo suficiente. Disfruten de su lectura. Yo ya lo he releído por lo menos tres veces, y no por la inconsistencia de que la única unidad que menciona sea el 504e régiment de chars de combat, que a fin de cuentas no es con el que entra en combate, sino porque tiene ese algo, esa cosa, que pocas veces podemos palpar en una obra de este tipo: autenticidad. 

Sólo hoy, Historias asombrosas de la Segunda Guerra Mundial a 1,89 €

Las promociones de Kindle flash parece que sólo interesan a los que tienen un kindle; en realidad, para leer su formato de libro electrónico hay disponibles todo tipo de aplicaciones gratuitas que permiten leerlos (y anotarlos ,subrayarlos, etc.) en cualquier dispositivo y sistema operativo, incluido Linux, a través del navegador web.

Estas ofertas duran sólo 24 horas, así que sólo durante este 22 de julio se puede adquirir este título a este precio.

¡Rechace intermediarios!Directamente de la editoral a su casa.


Alcañiz Fresno's Editores, una de las mayores y mejores editoriales especializadas acaba de actualizar el flash de portada... vale, eso no es noticia, pero sí que mantienen, más o menos escondidos, una serie de títulos ya ancianetes a muy buen precio; en particular los Perfiles aeronáuticos, que de las 2000 pesetas de precio en su época ahora saldan a 2 euros ejemplar....

Hay también algunas ofertas por lotes bastante interesantes, incluso de libros antiguos, dependiendo del gusto de cada cual. 

En este caso sí puedo decir que les he comprado varios títulos, y aun habiendo pagado el envío por correos me lo mandaron por mensajero; todo un detalle. Claro que hay que ver cómo ha subido correos sus tarifas...






...Algunos saldos de verano.... y de Inédita y de Osprey




Como todos los años, los grandes grupos editoriales aprovechan las rebajas de verano para soltar lastre de sus almacenes. En el apartado de ensayo, éstos son los titulos que, de momento, pueden verse en las librerías de los grandes almacenes. Títulos de Ariel, Martínez Roca, Crítica, ediciones B.... 

Sin embargo, supongo que también despertará interés la noticia de otros saldos no tan recientes, de bastantes títulos de RBA-Osprey, así como de títulos de Inédita. Por lo visto, esta página web se ha quedado con sus libros, o por lo menos yo no los he visto en más sitios. Pueden pedirse de forma individual o en lotes. No figura que cuenten con tienda abierta al público, sólo nave industrial. 

Ni idea de cuánto tiempo hace que los están saldando, el servicio que prestan... No les he comprado nada y no creo que lo haga, tengo ya los títulos que me interesan.



Volviendo a los saldos de este verano, he aprovechado para llevarme por doce euros la biografía de Trotski de Service, el sovietólogo de mayor fama en occidente, y los diarios de la última amante de Mussolini, más que nada porque no les auguro ninguna reedición en un futuro cercano.

La cara de la señorita que me atendió, como siempre, al ver las portadas de lo que me llevaba, un poema... ¡¡Para una vez que no compro libros llenos de esvásticas!!

Tolkien en Mordor

JRR en el Somme, 1916.

 John Garth: Tolkien y la Gran Guerra: El origen de la Tierra Media , Traductores: Eduardo Segura Fernández, Martin Simonson, Daniel Royo. Editorial Minotauro, Biblioteca J. R. R. Tolkien. Cartoné, 510 pgs. 23,90 €. Edición dígital (sólo Epub) 12,99 €.

A comienzos del siglo XX en ambas islas del Reino Unido, Gran Bretaña e Irlanda, se desarrolló lo que podría denominarse "literatura feérica", una moda que podría compararse a la actual con los zombies. Teatro, narraciones y poemas visitaban una y otra vez la tierra de las Hadas, interpretándola cada cual como le venía en gana. Sí, como ahora con los muertos vivientes, que son tontos, listos, corren, son lentos, se pasean... Los elfos, gnomos, trasgos y duendes podían ser pequeños, enormes, feos, angelicales o trasparentes según el gusto del autor.

Por entonces, en un internado no de los peores, un huérfano más bien alto y desgarbado fundaba con otros amigos un club semisecreto, el TCBS (Tea Club and Barrovian Society). El nombre, en realidad, no es irónico; es un club de té porque es lo que beben, de esa forma compulsiva que sólo saben hacer los ingleses. Y es Barroviano porque a veces lo hacen en la tetería que está situada en las Barrow's Stores, lo que hoy equivaldría al centro comercial más próximo al colegio.

El colmo de su rebeldía reside en que a veces lo hacen con un infiernillo, en la biblioteca. Unos jóvenes irresponsables. Unos punkis, que también juegan al rugby, y que dominan varias de las actividades extraescolares, como el club de debate o el aula de teatro, que permitirá que lleguen hasta nosotros fotos de estos jóvenes más bien sosos ataviados con túnicas. Representan obras de Aristófanes, en el griego ático original.

Siendo miembros de una de las sociedades más avanzadas de entonces, renegaban de toda modernidad y maquinismo. Eran hispsters cien años antes de la invención del término, con sus gustos anticuados en literatura y arte (prerrafaelitas y neogóticos, también), y exactamente la misma ropa y la misma actitud vintage ante la vida y los aderezos capilares, con bigotes y patillas (el que podía). Todos tenían vocaciones vagamente literarias, si bien entendían que de eso difícilmente podía vivir un caballero, así que esperaban encontrar un puesto en la administración o en la universidad. Uno iba para pastor metodista.

En 1918 sólo dos de ellos seguían vivos. Christopher Luke Wiseman, y John Ronald Reuel Tolkien.

John Garth ha dedicado unas quinientas páginas y cinco años de sus vida a estudiar en detalle la vida y obra de Tolkien de 1913 a 1918, de los veintiún a los veintiséis años. En este tiempo se graduará en Oxford, se casará y tendrá su primer hijo. Pero también será oficial de transmisiones en varios destinos, sobre todo en el 11º de Fusileros de Lancashire, 25th Infantry Division,de julio a octubre de 1916, en una de las batallas más inútiles y peor planeadas de la primera guerra mundial, la ofensiva del Somme.

El trabajo de Garth es exhaustivo, cotejando las cartas de todos los protagonistas con la producción literaria de Tolkien (en sus primeras versiones, además de bastantes obras inéditas), con la historia militar y social de entonces. Se incluyen unos mapas detallados de la zona del Somme donde estuvieron Tolkien y otro miembro del TCBS, pero la verdad es que no dedica demasiado espacio a la actividad militar, y sí mucho a la literaria, como debe de ser. Este libro no se habría escrito si Tolkien hubiera muerto como sus condiscípulos en 1916. La Gran Guerra fue el fin del TCBS aunque los dos supervivientes eran "los grandes gemelos" a decir de los demás. Mientras Tolkien enseguida se casó y tuvo hijos Wiseman siguió soltero mucho tiempo, e imagino (Garth no lo hace) que cada contacto entre ambos supondría recordar a los camaradas muertos.

Pero este no es un libro de historia militar, sino literaria. La traducción se adivina exquisita, aunque usa términos como "pioneros" y "señaleros." Supongo que es una batalla perdida, como las "fuentes" tipográficas y las "librerías" de Mac OS. Y por lo menos entonces sí se utilizaban todo tipo de señales para comunicarse. Aunque Tolkien llegó a usar los primeros modelos de Fullerphone, la decisión de formarse como oficial de signals tuvo más que ver con su gusto por la creación de códigos y lenguajes secretos, que no por afán tecnológico, en un momento en que las palomas mensajeras eran más fiables que la radio. También era más fácil sobrevivir si estabas a cargo de las comunicaciones y no liderando una patrulla en tierra de nadie. En este conflicto los jóvenes universitarios, candidatos automáticos a los puestos más bajos de entre los oficiales, se convirtieron en el colectivo de mayor mortandad de la guerra.

El "ejército de camaradas", con unidades reclutadas entre vecinos de la misma localidad, marcha hacia la batalla. Confiando  en la letalidad de la artillería, se les ordenó avanzar hacia las trincheras enemigas tal y como se ven aquí, de día y con una carga media de unos 30 kg. Imagen del documental "La batalla del Somme," estrenado en 1916.   

El 28 de octubre de 1916, justo cuatro meses después de su incorporación, dejó el 19º de Lancashire por un hospital de campaña, aquejado de lo que ahora se llama "fiebre de trinchera" pero que entonces se diagnosticaba como "pirexia de origen desconocido", una enfermedad que le alejó de primera línea para el resto de la guerra, con destinos, entre sus recaídas, en las defensas del Reino Unido.

La Gran Guerra fue en muchos sentidos el fin de la inocencia, del romanticismo en la batalla. El coraje y la gallardía no servían de nada ante una ametralladora. Fue también el final de la "literatura feérica," de la fantasía entendida como evasión, para transformarse en un más prosaico espiritismo, que permitía la comunicación con los muertos. Aunque no fue de forma tan inmediata. Robert Graves ya lo apunta en sus poemas de Hadas y fusileros (1918) pero Conan Doyle sigue defendiendo la autenticidad de las fotos de las hadas de Cottingley en 1922. Garth apunta a que son tan hijos de las trincheras Adiós a todo eso (1929) de Graves, o los poemas de Owen, como El libro de los cuentos perdidos o El Silmarillion, y tiene razón. Los críticos ingleses no dejan de repetir que Ypres y el Somme mataron para siempre la literatura épica, pero otros países que sufrieron bastante más sus consecuencias no dejaron de tener sus Ernst Jünger o Roger Vercel.

Respecto a la prehistoria creativa de Tolkien, el análisis de Garth resulta muy esclarecedor, sobre todo por su acceso a fuentes hasta ahora no consultadas, tanto de Tolkien como de su entorno. En todo momento se oscila entre el reconocer la marcada individualidad del autor, que por algo ha llegado a ser algo más que un poeta menor y un filólogo de Oxford, y el que no era un marciano, sino hijo de su tiempo. Pocos oficiales ingleses partieron a Francia con ejemplares de William Morris o de los Mabigonion en sus petates; pero simplemente porque entre sus iguales fueron mucho más populares Shakespeare, Milton, la Odisea o la Eneida.

En definitiva, un gran trabajo, aunque sólo para los más fanáticos en Tolkien o de la literatura fantástica inglesa de principio de siglo. Y no basta con haberse leído un par de veces El señor de los Anillos... más bien hay que estar versado en el Silmarillion y otras obras anteriores, ya que The Lord..., aunque bebe en su mitología, es más "segunda guerra" que primera. Ahí lo dejo.

Sorprende por ejemplo las muchas citas que se hacen a H. Rider HaggardBarrie, Carroll, Owen, Sasoon o Graves, y que no mencione a MacDonald o a Lord Dunsany, autores a los que ya había leído, no como por ejemplo a David Lindsay, que comenzó a publicar en 1920. Pero es lo que tiene este libro: un marco limitado a apenas cinco años, un periodo que biógrafos como Grotta o Carpenter despacharon en veinte páginas. Claro que sus biografías no llegan a las trescientas, y este libro, con notas, pasa de quinientas.

Como ya empieza a ser una coletilla por aquí: Sólo para gourmets

Los héroes no siempre cabalgan al frente de sus tropas

Indro Montanelli El general de la Rovere, trad. Domingo Pruna, Confluencias, Almería, 2013, 110 pp. ISBN: 978-84-940669-8-6

¿Merece la pena hurgar entre los montones de libros que los libreros de viejo ponen en la calle, inmisericordes, a uno o dos euros, en montones amorfos? Sí, aunque cada vez menos. En este caso tenemos, tras una de las portadas más horribles que puedan imaginarse, una de las mejores historias (y película) que se han realizado sobre la segunda guerra mundial. O, ya puestos, sobre la cambiante condición humana. Aparte, la editorial Confluencias ha reeditado esta edición de 1969 en un envoltorio sin duda más digno para figurar en la primera fila de nuestras bibliotecas, pero qué quieren, algunos somos así: coleccionistas de primeras ediciones, eso es lo que somos.

Aparte del relato que da título al libro hay unos cuantos más, todos ambientados en la inmediata preguerra o posguerra, y todos de por sí interesantes, buenos reflejos de cómo veía Montanelli a sus vecinos europeos. El universo colaboracionista se asoma de forma tímida, además de todo tipo de personajes que van desde encantadores estafadores a rígidos coroneles sajones, incapaces de la menor iniciativa, e implacables en la obediencia. Cierra el volumen un Quisling no por breve menos rotundo. Montanelli tiene méritos para ser conocido en España por algo más que sus historias de Roma y Grecia. He aquí una muestra.



Sólo para gourmets

Hay otros libros sobre las Waffen SS, pero no están dentro de este. Y mira que es grueso.

Jean-Luc Leleu: Waffen SS. Historia completa de las tropas más temidas de la Segunda Guerra Mundial. Traducción de
Carlo Caranci de La Waffen-SS : Soldats politiques en guerre (2010). La esfera de los libros, Madrid 2013. ISBN 9788499708942. 1 300 páginas, cartoné. 39 €

En nuestro idioma se han publicado muchísimos libros sobre las Waffen SS. La mayoría están profusamente ilustrados, a veces con pies de foto correctos. Con una excepción, que yo sepa, todos mantienen su puntito de políticamente correctos, recordando en un párrafo (o dos páginas) alguna de las atrocidades más famosas cometidas por estas tropas.

 Generalmente, el texto está redactado para un público culturalmente anglófono, y trazan una historia más o menos coherente sobre el nacimiento y desarrollo de este ejército político privado, reflejando de paso algunas de las fobias y filias del autor, sobre algún personaje o unidad. Casi siempre se incluye una guía de equipamiento, insignias y uniformes, que en realidad muchas veces son lo que motivan su compra por parte de modelistas, pintores de figuras o coleccionistas.

 La obra de Leleu se sitúa en las antípodas de esos libros.

Mil trescientas páginas, y casi dos kilos de peso. Sin fotos en la edición española, aunque con un apéndice de noventaipico páginas de gráficos y estadísticas; por algo Leleu trabaja en el Centro de Investigación de Historia Cuantitativa de la Universidad de Caen.  De hecho, aunque no sé si al mencionar esto aumento o disminuyo su atractivo, de esas 1 300 páginas unas cuatrocientas son de notas, bibliografía y apéndices. Sin índice analítico. Y todas ellas para narrar lo que el editor llama “la historia completa de las tropas más temidas de la segunda guerra mundial,” aunque no en el sentido usual del término. Nada de desarrollos de la institución, batallas, o mapas con unidades moviéndose en campañas. Nada de anécdotas de veteranos, o citas de generales. Aunque el traductor se esfuerza en hacer el libro más accesible, con notas sobre qué pasó en Dieppe en 1942, o dónde está la Turquía Suaba, aquí nadie te explicará qué era el HSSPF o la Reichsfürung-SS. Cuando se mencione a Berger, a Eicke o a Hausser, no digamos Dietrich o Panzermeyer, el autor da por sabido que conocemos perfectamente no ya su biografía, sino el cargo concreto que ocupan en las fechas en las que los menciona. Aparte de la cronología, también da por sabida la bibliografía anterior. Los debates, ya muy superados, entre admiradores y detractores de los Waffen-SS, aquí ascienden a otro nivel: la comparación con las ya no tan impolutas fuerzas armadas alemanas.

 No es un libro para pusilánimes. Como las Waffen-SS en sus inicios (es decir, cuando no se llamaban así) es ferozmente elitista y sólo está al alcance de los elegidos; de hecho, es la tesis doctoral de Leleu, no sé si ampliada o sólo actualizada, ya que integra con soltura la bibliografía más reciente, incluso las obras  aún no publicadas de autores como Trang. Al mismo tiempo es muy respetuoso con autores de los años sesenta, como Höhne o George Stein, y considera que su trabajo apenas ofrece matizaciones sobre los anteriores.

Pero qué matizaciones… las diversas facetas del reclutamiento se llevan 350 páginas. El equipo no llega a cien, mientras los aspectos morales e ideológicos las superan ampliamente. No sigo desgranando el índice, que a fin de cuentas está a disposición de cualquier posible comprador; baste advertir aquí que no encontraremos combates o listas de unidades. Esto es historia cuantitativa, y lo que importan son los datos, puros y duros, y cómo interpretarlos. Por poner un ejemplo, el lector se enfrentará a la paradoja de que la mayoría de miembros de las SS generales antes y durante la guerra prefirieron incorporarse a la Wehrmacht, y no a su propio brazo armado. Ciertamente es un hecho ya contemplado por ejemplo, por George Stein, y que registra hasta Lumsden, pero que Leleu puede desgranar con precisión milimétrica y estadísticas a mano. Estadísticas, por cierto, en muchos casos ya preparadas en el departamento de estadística de las SS, por el equipo que dirigía el famoso y eficiente Richard Korherr.

 Esto no implica que no se analicen asuntos más inmateriales como el sistema de valores de las Waffen-SS. Y no siempre de forma negativa; por ejemplo, estamos habituados a la idea de que, al instituirse un sistema separado de justicia para sus miembros a partir de 1940, se evitaba el posible bochorno de ser encausados por alguna que otra masacre; pero no con la consecuencia de que sus tribunales fueran mucho más duros que los del ejército en temas criminales como el robo, la deserción o los crímenes sexuales. Las penas de muerte muchas veces se intentaba que fueran útiles en un batallón de castigo, pero cuando se buscaba la ejemplaridad se ejecutaban de forma sumaria, como en casos de homosexualidad, o el de cinco miembros de la Leibstandarte por un robo de gallinas en Flandes, lejos de todos los frentes, en la primavera de 1944.

¿Cómo se pasó de un puñado de guardaespaldas a un ejército privado que casi llega al millón de miembros? Aquí Leleu pone la atención en el genio rapaz de Berger, más que en Himmler o en un condescendiente Hitler. La supuesta rivalidad con la Wehrmacht, analizada día a día, resulta más una invención de la posguerra que una animadversión real y sentida. Lo cierto es que a las instituciones de la Wehrmacht, fuera de casos puntuales, no le incomodaban demasiado las actividades de las Waffen-SS a la hora de distraer recursos o reclutas, aunque prefería que los buscase en graneros externos a los suyos. Al final de la guerra no dudó en ponerlos de ejemplo y modelo ante sus reclutas.

Y así va desgranando uno a uno todos los juicios de valor que hasta ahora se tenían sobre esta formación, que abarcaba desde las mejores y más selectas unidades que podían concebir Hitler y Himmler, a aquellas formadas por los más alejados del guerrero germánico ideal, como los musulmanes bosnios, los prisioneros indios o los ucranianos de la Galitzia (y más allá).

 Después de que, a principio de siglo, Bartov, Overy, Johnson, Evans, Netzel Aly (y los documentales de Knopp, y las miniseries de la ZDF) hayan demolido el mito del ejército alemán como un ente apolítico alejado del nazismo, Leleu se enfrenta con la paradoja de unas Waffen-SS no demasiado distintas del resto de fuerzas armadas alemanas, tanto en los aspectos ideológicos como en los militares. De hecho, mientras el Heer (y en general toda la Wehrmacht) con la evolución de la guerra se iba nazificando, insistiendo sobre todo en el liderazgo mesiánico de Hitler, las Waffen-SS por el contrario se volvían cada vez menos ideológicas. Por un lado, aceptando a reclutas de cualquier procedencia, pero por otro insistiendo en su propaganda en temas más nacionalistas y patrióticos, y menos en zarandajas revolucionarias. Himmler en particular mostró siempre un gran pragmatismo político a la hora de situar más y más reclutas bajo sus órdenes, que no, ojo, bajo las runas aún sagradas de las SS a secas. Y era capaz de justificar las más atroces matanzas ante un público entregado, como el personal de la Leibstandarte, para a continuación negarlas como simple propaganda aliada frente a los miembros de la 17º división Götz von Berlichingen, en buena parte alsacianos nacidos en 1926.

 El interés del libro se incrementa capítulo a capítulo, por lo menos para el que escribe esta reseña. Y no son sólo los gráficos y las tablas, también están las conclusiones finales, que no vamos a desgranar aquí.

Aún así, ni siquiera en ese sentido es una “historia completa” como subtitula la edición española; su interés está centrado en las divisiones que lucharon en Francia en 1944, sobre todo la 2ª, 9ª, 10ª y 12ª. Aunque dedica mucha atención a los variados contingentes volkdeutsche, los amantes de las divisiones exóticas apenas encontrarán que se las mencione alguna vez, lo cual no es extraño en tanto que intenta centrarse en el núcleo duro de divisiones que consiguieron para las Waffen-SS su reputación, una reputación que veremos muy semejante al de otras unidades con conciencia de élite, y que como en ellas estaba sustentada en buena parte por los medios de comunicación. Tampoco presta mucha atención a unidades como la Totenkopf, la Wiking, o en general a lo que ocurría en el frente del este.

En cuanto a los defectillos editoriales patrios, los de siempre, alguna que otra errata en el texto, y en los cuadros finales. Los gráficos se nota que se han realizado a color, y su conversión a grises es a veces algo confusa. Rechina que se llame “fusil ametrallador” a ametralladoras de cinta como las MG 34 y MG 42, pero seguramente el culpable es el uso de Leleu del término, lingüísticamente correcto, de fusil mitrailleur. Y sobre todo, se echa muy de menos la inclusión de un índice analítico.

La primavera los saldos altera

En estos días semiprimaverales aún pueden encontrarse saldos precedentes, como los de Tempus, aunque me parece que son de títulos nuevos que hasta ahora no habían sufrido esta circunstancia, como La infantería al ataque, de Rommel, o Doctores en el infierno, curioso titulo que esconde las memorias de una de las estenógrafas de los juicios de Nuremberg.
En las fotos pueden verse los platos fuertes de esta primavera: tomos de la historia del Conde de Toreno de la guerra de independencia, y los primeros títulos de Libsa de la serie de Técnicas bélicas ahora a mitad de precio. Lástima que algunos ya los compramos a su precio original...

Los saldos ya no son lo que eran

Antiguamente, cuando una editorial descatalogaba un título o colección, vendía los restos a un mayorista, que a su vez los iba distribuyendo entre los que se pasaban por su almacén, que a su vez los vendían al publico en ferias y rastros. Ahora las editoriales directamente negocian con grandes almacenes y cadenas de librerías, y lo que antes eran ejemplares de baratillo, vendidos en tenderetes al aire libre ahora se ofertan como maravillosas rebajas de la cadena en cuestión. Con unos precios no precisamente de escándalo, en torno al 50% del anterior PVP. 
En este enero lluvioso, son varios los títulos de la editorial Actas a los que ha tocado este destino. De venta en sus grandes almacenes y cadenas de librerías, posiblemente también los encuentren en sus páginas web, pero raramente en el rastro, mercado de San Antoni o Cuesta de Moyano: 






Por cierto, el más interesante me parece que no sale en las fotos, más que esquinadamente: Okinawa, la última batalla, de Bill Sloan, publicado por Crítica en 2008.

Hierro, plomo y arena. Los Tercios en Flandes

Entrevista a Enrique Sicilia, autor de La batalla de Nieuport 1600

- ¿Qué va antes, la idea o la documentación?

En mi caso, desde luego, siempre será la idea; aquel episodio que ronda por tu mente y que necesitas descifrar. Ese acercamiento apasionado hacia esa historia del pasado que, algunas veces, puede venir condicionado por otras circunstancias o situaciones no divisadas. Por ejemplo, la idea de realizar un libro sobre la batalla de Nieuport no partió de mi mismo. Fue una de las opciones, tras algunas anteriores personales, que el editor me ofreció. Es una batalla muy poco estudiada en español. Lo más parecido y valorado era lo de Albi en Researching&Dragona, y todavía me acordaba de su lectura.

-Bueno, ese artículo desde luego que tiene ya un tiempo… la revista desapareció hace ya diez años.
Sí. En realidad me ofrecía un estupendo punto de apoyo, una base para extenderme con seguridad. Esa segunda labor, la captación de fuentes, es sumamente importante. En el caso de Nieuport tuve claro que había que contar no sólo con el relato y opinión de las fuentes españolas desde el siglo XVII en adelante, sino también de las contrarias (holandesas sobre todo, e inglesas). Al final, toqué muchos más palos de los que pensaba (francés, italiano, latín, etc.) y he de reconocer que me encantó esa etapa de investigador, aunque internet ayuda ahora muchísimo con su enorme catálogo, a no gastar tanto tiempo en esas búsquedas físicas en archivos. Tras terminar de organizar en carpetas esa documentación, solo me quedaba comparar y analizar, para más adelante escribir lo que reflejaban los diferentes autores, según mi experiencia acumulada y criterio.

- ¿Pasión por una época, o por la historia militar en general?

No soy un especialista, ni experto o maestro en nada, naturalmente. Me considero, eso sí, un historiador minucioso, que bebe de muchas influencias, aunque mi gran pasión es la historia militar y, dentro de ella, el desarrollo de las campañas, y la lucha de voluntades e intereses confrontados, que terminan en una batalla. Épocas favoritas tengo demasiadas, pero si le tengo que dar alguna yo apuntaría entre 1476 y 1871 aproximadamente.

-Vamos, lo que tradicionalmente se conoce como historia moderna.

Más o menos. Digamos que acoplaría a emperadores, reyes, mariscales o generales, con armas de fuego, instrucción, escuadrón, columnas, líneas y orden cerrado, para cerrar con artillería y caballería, todos juntos en campos de batalla abarcables casi con la vista. Y resaltando la Hispánica del XVII, colindante en mis gustos con la romántica época revolucionaria y napoleónica. Sin dejar de lado a griegos, Alejandro, Diadocos, púnicos, los mongoles, Timur y sus estepas, los samuráis, Grant y su época, las batallas navales...

-Los tercios ¿mito o excusa?

Un contrastado mito marcial. Pocos países, naciones o territorios han tenido un entramado militar tan exitoso y duradero, tan innovador y tan preeminente como los Tercios. Si hubieran sido ingleses o americanos, no le quepa ninguna duda que habríamos visto decenas de películas, y leído innumerables novelas sobres sus hazañas. Desgraciadamente, las propagandas variadas desde 1588 en adelante, sin olvidarme de la fecha totémica y ensalzada francesa de 1643, han tapado y silenciado sus increíbles gestas. Todo ello, ayudado por un sistema educativo, el nuestro, con pocas miras, cambiante y memorístico, que había olvidado la ciencia de la historia militar hasta hace unos años. No gozamos, en líneas generales, del prestigio social y mediático que tienen los historiadores en la cultura anglosajona, por comentar algo.

-Creo percibir por sus respuestas y por lo que le he leído, que tiene usted una visión muy particular de lo que es y debe ser la historia militar. ¿Algo que aclarar?

Bueno, me gusta expresar mi parecer y suelo ser directo con algunas de mis opiniones. Diría que busco ser un formado interpretador. La Historia no valorativa, sin subjetividad o meditación alguna, solo exponiendo unos hechos o acontecimientos sin más, no me interesa tanto; creo que uno, tras analizar con profundidad las numerosas fuentes indagadas, debe dar su punto de vista personal de aquello que quiere trasladar, sin inventarse nada. Y debe mojarse con sus valoraciones, especulaciones o simples conjeturas, aunque pueda desviarse alguna vez de la ortodoxia. Valoro mucho más a esos autores que no se limitan a repetirnos la historia objetiva ya contada, sino que arriesgan en ciertos trabajos, o muestran otros enfoques y nuevas posibilidades para algunos hechos históricos ya consolidados, con un escaparate real de fuentes. En materia militar, además, lo veo fundamental. Tampoco es igual escribir sobre un hecho nunca antes documentado al detalle o investigado en concreto, que sobre otros donde la bibliografía existente sea mayor. La popularidad incide en el mayor o menor grado de dificultad y Nieuport, desde luego, era un reto muy gustoso. Intento, si es posible, ir hacia lo poco publicado y conocido.

-¿Algún héroe de infancia?

Héroes fueron todos esos humanos que, en algún momento de sus vidas, les cupo la “suerte” de estar y sufrir en un campo de batalla. Algunas sociedades desarrolladas y poderosas del XVI o XVII, por no extenderme más, vivían con esa permanente realidad de la guerra. En mi infancia pensaba como muchos otros chavales, en los grandes líderes como Aníbal, Alejandro, Federico o Napoleón; ahora me suelen encandilar más aquellos otros líderes históricos, que están en un segundo escalafón como Pirro, Seleuco, Daun o Suvorov, por citar a otros similares de esos periodos y no acercarme a otros más arrinconados como Marcelo, Federico de Orange-Nassau, Laudon o Moreau.

-¿Autores favoritos?

Autores de historia militar extranjeros que me gusten, pues de memoria diría que Fuller, Keegan, Davis Hanson, Sekunda, R. Arnold, Turnbull, Barbero…y nacionales, citaría a Quesada, Albi, J.L. Sánchez, Rodríguez González, Sañudo, Bolaños, De Mesa y tantos otros que ahora no recuerdo.



-¿Qué aporta el viajar al lugar histórico donde se ha desarrollado la acción?

Variará esa aportación e importancia, según el grado de deterioro o modificación urbanística que tenga esa zona en cuestión. En mi libro sobre la campaña de Nieuport, aparte de visitar algunos museos más que interesantes en Holanda y Bélgica, junto a localizaciones presentes en el libro, tuve la suerte de encontrarme con un campo de batalla no tan transformado como me sugerían las imágenes modernas que había contemplado previamente. Fue una emoción increíble contemplar la gran explanada donde se asienta aún hoy la iglesia de Mariakerke, y su talud de dunas posterior intacto. Cruzar el canal de Nieuport, recorrer y contemplar la extensa playa en bajamar y pleamar, caminar y remontar por las elevadas dunas del interior y sentir la arena bajo mis pies con un sol duradero (con mi cámara réflex disparando sin cesar); considero que son actividades muy recomendables para cualquier aficionado o profesional de la historia militar. Puede cambiar algo la topografía y el propio litoral, mucho las edificaciones, pero las distancias kilométricas, el biotopo, las mareas y la climatología siguen estando ahí tan presentes como hace 414 años.

-¿Algún proyecto ahora en mente?

Estoy ultimando las dos partes de mi segundo libro con HRM ediciones. Una primera parte ensayística versará sobre el Japón Sengoku y los cambios o consecuencias producidas por la evolución de las armas de fuego y la artillería, en aquella atrayente sociedad belicosa. La segunda está enfocada hacia la gran batalla de Sekigahara y las grandes consecuencias que emanaron o terminaron con ella. Me interesa, tras acercarme y examinar a los humanizados Tercios de Flandes, o tratar en Desperta Ferro el honor japonés en un artículo, comparar asimismo el modo y forma de guerrear europeo con el que se estaba realizando desde hacía siglos, al otro lado del mundo. Además, ambas batallas comparten el mismo año de 1600. Esa casualidad fue, lo reconozco, irresistible y en eso estoy.

-Además de una notable actividad en revistas.

Sí, las revistas me han brindado la posibilidad de darme a conocer y siempre serán unos vehículos adecuados para seguir añadiendo experiencias a mi trayectoria. Ahora, junto a mi blog personal o mi actualización semanal en Facebook de Tucídidiano, he terminado algunos otros artículos para Ares Enyalius e Historia y Vida. Ah, se me olvidaba. Tengo desde hace unos meses otra idea -lo ideal sería en forma de libro, estoy abierto a sugerencias editoriales, por cierto- sobre otro remarcable hecho de armas de los Tercios durante el periodo comprendido entre 1618 a 1658 y que poca gente ha escuchado algo de él. Al menos, eso sí lo puedo decir, es una victoria terrestre. Y no me importaría tampoco atacar, algún día, una visión más ampliada sobre las Dunas o adentrarme más en algunas campañas del XVIII español o quizás netamente napoleónicas…en fin, tengo muchas “inquietudes” creativas en la cabeza. 

-Gracias por sus respuestas.

Gracias a usted, ha sido un placer.